Luego de la muerte de Gichin Funakoshi en 1957,
Shigeru Egami inicia la tarea de cambiarle la reputación de "arte
mortífero" al Karate, algo que O-sensei trató de hacer toda su vida.
Su idea fue la de hacer llegar a Karate-do como una lucha contra sí
mismo, con autosacrificio, llevando así las bases filosóficas del
arte a todos los otros aspectos de la vida. El concepto esencial era
el de autorealización, por encima de los logros combativos. Como
directa consecuencia Egami eliminó muchos conceptos sobre la
victoria en el combate, buscando una armonía física, un equilibrio
del ser humano a través de la práctica de Karate-do.
En cuanto al Karate que Egami desarrolló a través de sus años de
estudio, se varió la mecánica de algunas técnicas, la zona de golpe,
los desplazamientos, etc. En grandes rasgos el método es más fluido,
más continuo. Se puso mucho énfasis en la relajación y en el
desarrollo de un perfecto kime, enfocando toda la energía en un solo
punto. Shigeru Egami puso énfasis además en la idea del golpe único
y eliminó, a través de estudios, toda técnica que se considerara
ineficaz o dudosa, usando el criterio de que debía estar en armonía
con la naturaleza del ser humano.
Shigeru Egami nunca transó sobre un aspecto
esencial del Karate-do, éste fue el evitar el combate deportivo.
Consideraba que al competir se modificaba demasiado el espíritu y el
entrenamiento del Karate-do, habiendo mucho más en Karate que el
ganar combates.
Aunque es claro que la técnica mostró una
evolución durante la vida de Gichin y Yoshitaka Funakoshi, algo que
permaneció invariable y que fue continuado por Shigeru Egami fue el
aspecto espiritual y formativo. En eso siguió el camino trazado por
Gichin Funakoshi y revitalizó y perpetuó el DO. Uno de los grandes
legados de Egami fue exactamente ese, el evitar comercializar,
diluir y destruir el Karate-do a través de la competencia deportiva
y profundizar el estudio de los aspectos internos y filosóficos del
arte.
En su vejez varias enfermedades aquejaron al
maestro Egami. Una embolia cerebral lo tuvo tres meses sin comer, en
esa ocasión se puso a prueba su fortaleza, llegó a pesar 37
kilogramos.
En 1981, el 8 de enero, una pulmonía apagó la
vida de este gran maestro. Según registros de su vida se puede
concluir que su prematura muerte se debió en parte a su duro
entrenamiento que dejó marcas en su salud. Egami sacrificó mucho de
su salud y bienestar para llegar a su verdad, una herencia que
actualmente perpetúan muchos practicantes en el mundo, que siguen y
respetan las líneas trazadas por él.