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El Kobu-Do nació en Okinawa
y fue implementado por los campesinos que, ante la prohibición del
uso de armas, se vio obligado a modificar sus herramientas para
usarlas como armas y así poder defenderse. Se entiende por Kobu-Do
al manejo de las armas antiguas de Okinawa. Si bien el Kobu-Do
no es practicado por todas las escuelas de Karate-Do, algunas sólo
se limitan a manejar una escasa cantidad de armas. Debido a las
variadas influencias que tuvo el fundador del Shito Ryu, el Maestro
Kenwa Mabuni, quien pudo aprender Kobu-Do de los mejores exponentes
del arte de la época, la escuela Shito Ryu Ken Shin Kai es una de
las que maneja el mayor número de armas.
A continuación, se
hace una descripción muy breve de las armas que maneja la Escuela de
Karate-Do y Kobu-Do Shito Ryu Ken Shin Kai:
Bo:
Es una bastón de 1,80
mts de largo y 2,5 cms de diámetro con los extremos algo afilados,
para hacer mejor foco en los golpes punzantes. Se lo utilizaba
generalmente para transportar cargas pesadas sobre los hombros de
dos personas a la vez, entre otros usos.
Tonfa:
Antiguamente era la
manija de una muela para moler granos. La Tonfa se compone de un
cuerpo longitudinal (en el cual se distinguen dos flancos, uno abajo
y otro arriba) provisto de una empuñadura cilíndrica, terminada a su
vez por un cabezal, implantado perpendicularmente en el primer
tercio, cerca de la cabeza de la misma. Como ventajas tiene el ser
una perfecta prolongación del brazo, y muy útil en el bloqueo del Bo
o de armas similares. Se utiliza de a pares.
Nunchaku:
Son dos palos de 30 cms
aproximadamente unidos por una soga o cadena, que se usaban para
desgranar el arroz y la soja. Es una de las más completas y eficaces
armas que se conocen para usar contra uno o varios enemigos a la
vez. Su velocidad de manejo, su potencia de golpe y sus técnicas,
hacen de él un arma muchísimo más completa que un cuchillo o un
palo.
Ni-Tambo:
Son dos palos de 2 cm
de diámetro y 87 cm de largo que se utilizan de a pares, y su
aplicación más práctica reside en la aplicación de presión sobre
puntos energéticos del cuerpo. La efectividad con este arma no
se logra a base de fuerza, ya que interviene más la velocidad y la
precisión que cualquier otro factor.
Eku-Bo:
El Eku-Bo, conocido
también como Kai, es un remo usado en Okinawa que se caracteriza por
tener la pala del remo casi de la misma longitud que el mango.
Su manejo es muy similar al del Bo, sólo que un poco más complejo
debido a que tiene mucha importancia el posicionamiento de la pala
en cada golpe.
Sai:
Conocido como el
tridente de Okinawa, el sai es una especie de puñal no demasiado
afilado por los lados y algo más por la punta, el cual contiene dos
puntas guardas en forma de asta que le dan buenas propiedades para
luchar contra espadas y armas largas. Se los utiliza de a pares.
Kaman-Ti:
Es una hoz okinawense.
Consiste en un mango de madera dura de aproximadamente 30 cm de
largo de cuyo extremo sale una hoja de acero curva muy afilada.
Se utiliza de a pares y es un arma muy
compleja. Su manejo es muy peligroso inclusive para el que la usa,
al haber movimientos donde el Kama pasa cerca de las cabeza y del
cuello, ya que un pequeño corte con uno de sus filos sería la
pérdida de la vida en contados segundos.
Manriki-Gusari:
Consiste básicamente en
una simple cadena (a veces se puede transformar en una cuerda) con
dos pesos, uno en cada extremo. La longitud de la cadena es
aproximadamente de 1,20 mts. Es muy peligroso su manejo, ya que
el Manriki-Gusari se maneja a una velocidad muy grande, con
movimientos similares a los del nunchaku. Lo más peligroso es la
velocidad con que “viajan” las dos bolas de acero de los extremos,
cuando pasa cerca de la cabeza.
Katana:
Es el conocido sable Samurai. Es el arma que
tiene, quizás, mayor importancia para muchos practicantes. Su manejo
consiste en movimientos libres y en la práctica del Iaido (arte de
desenvainar la Katana, cortando) en donde se hace especial hincapié
en la concentración, velocidad y presición.
Utilidad del
Kobu-Do
Tradicionalmente, el Kobudo de Okinawa
es practicado por los karatekas, porque las
técnicas de Kobudo se basan en las del Karate.
Normalmente su enseñanza se limita a los
ejercicios de forma clásicos (Kata) con las
diferentes armas. En cambio, las técnicas de
Kumite se enseñan raras veces.
El manejo
correcto de las armas suele resultar difícil para
los principiantes, e incluso, para alumnos de
Karate con un cierto nivel de entrenamiento. Esto
es así debido a que, en el Karate, solo hay que
preocuparse de "manejar" correctamente el propio
cuerpo. Lograr un cierto nivel de coordinación de
movimientos y dominio de las técnicas, sin ser
fácil, es accesible casi desde el principio: Cada
persona ya está acostumbrada a mover su cuerpo, y
conoce sus dimensiones y posibilidades.
El
Kobudo resulta más difícil, precisamente porque a
la dificultad de aprender a desplazarse y ejecutar
técnicas correctamente, se añade un componente
extraño al propio cuerpo. Aquel giro que parecía
sencillo de realizar, con las manos apoyadas en
las caderas, se convierte en algo complicado si se
tiene en las manos un bastón de casi dos metros, o
un nunchaku girando a toda velocidad (con el
riesgo añadido de golpearse uno mismo al menor
error).
Personalmente, y aparte de su
valor como técnicas de lucha, considero que su
dificultad es, precisamente, su principal ventaja
para un practicante de cualquier otro arte
marcial, y en especial el Karate. Pequeños
defectos en la técnica que pasarían
desapercibidos, se hacen evidentes con un arma de
Kobudo entre manos. Además, es más exigente en
cuanto a coordinación de movimientos se refiere, y
por ello su práctica sirve para perfeccionar la
técnica del karateka.
Cualquier
practicante de artes marciales sabe que entrenarse
con armas desarrolla una gran cantidad de
atributos que luego resultan muy útiles para el
combate sin armas. Eso es lo que ocurre en el caso
del kobudo con respecto al karate. Como bien saben
los maestros tradicionales, entrenarse con armas
fortalece de manera importante manos, antebrazos y
hombros. Técnicamente mejora los reflejos y la
coordinación de movimientos. Puesto que la mayoría
de sus armas se manejan por pares, el kobudo
obliga a desarrollar armoniosamente ambos brazos y
ambas partes del cuerpo. También desarrolla mucho
la precisión, el control y el sentido de la
distancia: en la distancia corta con los sais, en
la media corta con los tonfas, en la media con los
nunchakus y en la larga con el bo.
El
entrenamiento del kobudo tan sólo supone tres
principales inconvenientes para cualquier
karateca. El primero consiste en que el manejo de
armas resulta muy sufrido para las muñecas del
practicante, le exige un entrenamiento adicional
de fortalecimiento y elasticidad para acondicionar
esta articulación tan castigada. Por otro lado, el
entrenamiento con armas comporta normalmente
mayores riesgos de lesión o accidente que el
entrenamiento con manos vacías (para el propio
practicante, pero sobre todo para el compañero),
especialmente en el caso de los nunchakus. Por
eso, la iniciación al kobudo no suele hacerse
hasta que el karateca tenga un nivel medio y
cierta experiencia (normalmente, a partir del
cinturón naranja o verde). El manejo de armas
siempre requiere mucho control y prudencia.
Finalmente, el alto costo económico de las armas
supone otra traba para la mayoría de los
practicantes, concretamente para los más jóvenes.
IAIDO

Según los relatos de la historia, y
aunque el aprendizaje del manejo del sable se
pierde en los tiempos remotos del Japón antiguo,
parece ser que el Iai Jutsu nace al final de los
años 1400 y principios de 1500. Para entender
el significado de esta forma de combate con el
sable o katana, es preciso remontarse a la época
feudal japonesa, cuando cada territorio o castillo
era propiedad de un clan o Señor (Daimyo), y cuya
protección estaba encomendad a los célebres
guerreros Samurais asalariados para tal fin.
Solamente al Samurai le estaba permitido
llevar dos espadas en su cintura, el sable era su
alma y su razón de vivir, y no se apartaba de él
ni de día ni de noche, adiestrándose con
frecuencia tanto en el manejo del mismo
(Ken-Jutsu) como en la forja de su carácter (a fin
de perder el miedo a la muerte), así, ambas
prácticas hacían de él un guerrero temido y
respetado. Vivían en una época violenta y
despiadada, y estaban expuestos a ser atacados en
cualquier lugar y momento del día o de la noche,
dado que en su concepto de la ética guerrera no
estaba mal considerado ser atacado por sorpresa
(por la espalda o por varios agresores, etc.). El
conocimiento de estas reglas, así como el fin para
el que habían sido contratados (defender la vida,
el honor y las posesiones de su Señor), les
obligaba a vivir en un estado o actitud de
permanente alerta. La posibilidad cotidiana de
ser objeto de un ataque repentino por sorpresa les
hizo comprender que necesitaban ser diestros y
rápidos en desenvainar y cortar en un solo
movimiento, anticipándose si era posible a la
acción ya manifestada o iniciada por su agresor...
y esta respuesta era más factible llevando el
sable en la cintura y con el filo hacia arriba.
Con el tiempo, esta forma de combate a la
defensiva fue conocida como Iai-Jutsu, la cual
pretendía ser un arte de autodefensa, enfocado no
tanto a destruír al enemigo como a neutralizar y
controlar sus intenciones, por ello en su origen
recibió el nombre (Saya No Uchi), que significa
“Sable Enfundado”, manifestando así el espíritu
del mismo, en el sentido de ser capaz de alcanzar
la victoria, incluso sin desenvainar.
Así
nacía el Iai-Jutsu y comenzaban a crearse
diferentes estilos o escuelas a partir del estudio
de las posibles situaciones de ataques sorpresa y
de las habilidades o astucias de cada maestro, de
las que surgieron numerosas técnicas o katas que
fueron transmitidos de generación en generación
hasta la Epoca Meiji, en la que el japón se abre
al mundo y suprime la existencia de los samurais.
A fin de no desaparecer y perder el valioso y
abundante caudal de técnicas y conocimientos
guerreros de autoprotección, los maestros de armas
optan por transformar el Iai-Jutsu en un método o
vía de autoperfeccionamiento, en el que el único
enemigo a combatir sean los propios defectos o
debilidades, dando origen a la práctica del IAIDO
tal como actualmente lo conocemos a través de las
diferentes escuelas.
Según la tradición el
creador del IAIDO fue Hojo Jinsuke Shigenobu,
conocido popularmente con el nombre de Hayashizaki
Jinsuke como fruto de sus meditaciones en el
templo Hayashizaki Myogin. Un día tuvo la
revelación de la verdadera esencia y finalidad del
IAI, y hacia el año 1600 creó un método al que
llamó BATTO JUTSU, y para probar su eficacia y
difundirlo, recorrió muchas provincias,
despertando la adhesión de gran número de alumnos
a los que inculcaba la idea de que su método debía
ser empleado únicamente como arte de defensa.
¿Qué es el IAIDO?
El Iaido es un
arte marcial que se practica solo
(individualmente), bajo la forma de katas, cada
uno de los cuales representa la forma de
reaccionar frente a una situación o tipo de ataque
diferente. IAI significa “Unidad del Ser”,
permanecer en armonía consigo mismo; unirse al
espíritu del adversario sin moverse; y DO
significa Vía o Camino. En su sentido
utilitario, IAIDO es el arte de estar atento y
dispuesto para responder en cualquier situación o
momento, sea cual sea la forma de ataque del
enemigo.
Considerado bajo el aspecto
ético moral formativo, el IAIDO se identifica como
LA VÍA PARA ALCANZAR LA UNIDADY LA ARMONÍA DEL
CUERPO Y DEL ESPÍRITU, y ello implica vivir dicha
armonía con los demás y con el entorno. La
primera impresión que se produce en el occidental
cuando contempla la realización de un kata de
Iaido_o un entrenamiento_, es la de estar
presenciando una práctica o Arte anacrónico,
primitivo o irreal para estos tiempos, y
perfectamente inútil en una sociedad cada vez más
tecnificada. Podría concederse una parte de razón
al que así juzga si lo hace únicamente desde el
punto de vista de la imposible o dudosa aplicación
práctica de esas técnicas de combate con un sable
japonés a su vida cotidiana. Ciertamente hoy
no podremos resolver ningún problema de nuestra
existencia regida por las computadoras con la
ayuda de un sable por más hábiles que seamos en su
manejo, pero los efectos del IAIDO van mucho más
allá del hecho de proporcionar dicha destreza
corporal si consideramos la validez universal y
permanente de sus verdaderos objetivos como vamos
a ver a continuación.
Objetivo práctico:
el Arte del Iaido se basa en anticiparse en la
propia autodefensa rechazando una agresión, y ello
no es posible sin la estrecha colaboración
cuerpo-mente. Todos los gestos y movimientos
de Iaido están destinados a ejercitar y
desarrollar la concentración en el “aquí y ahora”,
el control del cuerpo y de la mente, la
disponibilidad, la adaptación inmediata a lo
imprevisto conservando la serenidad que permite
hacer un juicio rápido y acertado de cada momento
o circunstancia.
Objetivo Ético: El
objetivo oculto del IAIDO es llegar a ser dueño
del propio ego (deseos, emociones, prejuicios,
temores, etc.) y comportarse con el máximo respeto
y cortesía en todas la circunstancias.
EL KOBU-DO EN LA
ACTUALIDAD

Antiguamente, cuando surgió el arte del
Kobu-Do, eran unos tiempos en los que saber manejar
armas resultaba muy útil para sobrevivir en el día a
día. Todo karateca se iniciaba simultáneamente en el
aprendizaje del kobudo para mejorar su capacidad
marcial. Así que ambas artes marciales se fundieron
estrechamente.
Con el paso de los años, los
maestros se dieron cuenta de que, independientemente de
la obvia utilidad de las armas para combatir o
defenderse, el entrenamiento de las mismas aportaba por
otro lado numerosas ventajas a sus alumnos, tanto
físicas como técnicas. Esto explica que, ya entrados
en el siglo XX, cuando estas armas ya han quedado
absolutamente obsoletas, los maestros tradicionales de
Karate sigan exigiendo a sus alumnos que aprendan el
arte complementario del Kobu-Do. Las cuatro armas
clásicas de esta arte marcial son el bo, los tonfas, los
sai y los famosos nunchakus.
El bo o bastón
largo es el arma base del kobudo, es decir, es el que se
aprende primero y que abre camino a las demás. Luego se
aprende el tonfa, siempre manejado por parejas, uno en
cada brazo. La eficacia marcial de esta arma no deja
lugar a dudas, pues ha sido adoptada por los cuerpos
policiales de medio planeta en una versión algo más
larga y de goma dura. A continuación se inicia el
practicante en el manejo de los sais, también por pares.
Esta curiosa arma, a medio camino entre un estilete y un
tridente, fue muy utilizada por la policía okinawense.
En cuanto a los nunchakus, estos son los que siguen
en el aprendizaje, debido a la complejidad de su manejo.
También como arma básica, podemos citar a los Ni-Tambo,
que son dos palos cortos para trabajar a madianas
distancias y de a pares. Más adelante, tenemos al
Eku-Bo, y como arma más avanzada ubicamos el Kman-Ti,
debido a la peligrosidad de su manejo.
Históricamente, karate y el kobudo eran pues,
como se dijo anteriormente, dos prácticas inseparables,
complementarias, cosa que ocurre hoy en día, ya se
tiende a considerar kobudo como un arte marcial aparte
que, aunque muy relacionado con el karate, tiene sus
propios cinturones, campeonatos de katas y federaciones.
Se ha convertido en una opción complementaria para el
karateca, y parece que cada vez hay menos que lo desean
pues esta descendiendo notablemente el numero de
practicantes de kobudo (en proporción con la cantidad de
practicantes de karate que existen).
Existen
varias razones que pueden explicar este fenómeno. Para
empezar, no se pueden organizar, como es lógico,
competiciones de combate libre de kobudo, sería una
sangría. Así que este arte se ha visto relegada a
algunas competiciones de katas (siempre menos populares)
y exhibiciones. Puesto que la dimensión deportiva del
karate va eclipsando cada vez más su dimensión marcial.
El kobudo está sufriendo las consecuencias. Los jóvenes
que suponen la gran mayoría de karatecas actuales,
suelen sentirse principalmente atraídos por la petición
de combate y secundariamente por la defensa personal, lo
que explica que se esté dejando un tanto de lado al
kobudo. En cuanto a la defensa personal, las armas
del kobudo se han quedado bastante obsoletas, porque
afortunadamente en occidente no vivimos en estado de
guerra o de invasión. Por otro lado, la extensión de la
pólvora y de las armas de fuego ha enterrado en el
olvido la mayor parte de las armas blancas o
contundentes, salvo tal vez las navajas. De poco sirven
todas estas armas ante la amenaza de una pistola. Las
armas del kobudo han dejado, por lo tanto, de resultar
útiles como armas de defensa personal. Si aplicaramos el
sentido práctico okinawense a nuestra sociedad,
colgaríamos los nunchakus y convertiríamos en armas el
paraguas, las llaves, el diario, el bastón, la lapicera,
la correa del perro, etc. Pero no se debería valorar
el kobudo exclusivamente por sus posibilidades
deportivas ni defensivas, pues se trata de un arte
marcial y, por lo tanto, de una práctica y filosofía de
autoconocimiento y cultivo personal. Pero incluso
aquellos karatecas a los que tan sólo les interesa la
utilidad práctica e inmediata del kárate (el cual en tal
caso deja de ser arte marcial para convertirse en
deporte o en método marcial), pueden encontrar en la
práctica del kobudo numerosas ventajas.
En
cualquier caso, el kobudo está siendo victima del
excesivo sentido práctico de la sociedad actual. El
hecho de que sus armas ya no sean aplicables a la
defensa personal, no lo invalida como arte marcial,
puesto que en el kobudo el manejo de las armas no se
plantea tanto como un fin (aprender a manejar armas
propias de la época feudal), sino más bien como un
medio, un medio para mejorar un buen número de atributos
físicos y técnicos, pero también un medio o vía marcial
de autosuperación personal.
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