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"La palabra Bu, de Budo, se escribe con el ideograma chino que significa detener, metido dentro de otro formado por dos alarbadas cruzadas y su significado real viene a ser detener el conflicto."    Gichin Funakoshi, 5ºDan (Karate-Do mí camino).

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El Kobu-Do nació en Okinawa y fue implementado por los campesinos que, ante la prohibición del uso de armas, se vio obligado a modificar sus herramientas para usarlas como armas y así poder defenderse. Se entiende por Kobu-Do al manejo de las armas antiguas de Okinawa.
Si bien el Kobu-Do no es practicado por todas las escuelas de Karate-Do, algunas sólo se limitan a manejar una escasa cantidad de armas.
Debido a las variadas influencias que tuvo el fundador del Shito Ryu, el Maestro Kenwa Mabuni, quien pudo aprender Kobu-Do de los mejores exponentes del arte de la época, la escuela Shito Ryu Ken Shin Kai es una de las que maneja el mayor número de armas.

A continuación, se hace una descripción muy breve de las armas que maneja la Escuela de Karate-Do y Kobu-Do Shito Ryu Ken Shin Kai:

Bo:
Es una bastón de 1,80 mts de largo y 2,5 cms de diámetro con los extremos algo afilados, para hacer mejor foco en los golpes punzantes. Se lo utilizaba generalmente para transportar cargas pesadas sobre los hombros de dos personas a la vez, entre otros usos.

Tonfa:
Antiguamente era la manija de una muela para moler granos.
La Tonfa se compone de un cuerpo longitudinal (en el cual se distinguen dos flancos, uno abajo y otro arriba) provisto de una empuñadura cilíndrica, terminada a su vez por un cabezal, implantado perpendicularmente en el primer tercio, cerca de la cabeza de la misma. Como ventajas tiene el ser una perfecta prolongación del brazo, y muy útil en el bloqueo del Bo o de armas similares. Se utiliza de a pares.

Nunchaku:
Son dos palos de 30 cms aproximadamente unidos por una soga o cadena, que se usaban para desgranar el arroz y la soja. Es una de las más completas y eficaces armas que se conocen para usar contra uno o varios enemigos a la vez. Su velocidad de manejo, su potencia de golpe y sus técnicas, hacen de él un arma muchísimo más completa que un cuchillo o un palo.

Ni-Tambo:
Son dos palos de 2 cm de diámetro y 87 cm de largo que se utilizan de a pares, y su aplicación más práctica reside en la aplicación de presión sobre puntos energéticos del cuerpo.
La efectividad con este arma no se logra a base de fuerza, ya que interviene más la velocidad y la precisión que cualquier otro factor.

Eku-Bo:
El Eku-Bo, conocido también como Kai, es un remo usado en Okinawa que se caracteriza por tener la pala del remo casi de la misma longitud que el mango.
Su manejo es muy similar al del Bo, sólo que un poco más complejo debido a que tiene mucha importancia el posicionamiento de la pala en cada golpe.

Sai:
Conocido como el tridente de Okinawa, el sai es una especie de puñal no demasiado afilado por los lados y algo más por la punta, el cual contiene dos puntas guardas en forma de asta que le dan buenas propiedades para luchar contra espadas y armas largas. Se los utiliza de a pares.

Kaman-Ti:
Es una hoz okinawense. Consiste en un mango de madera dura de aproximadamente 30 cm de largo de cuyo extremo sale una hoja de acero curva muy afilada.
Se utiliza de a pares y es un arma muy compleja. Su manejo es muy peligroso inclusive para el que la usa, al haber movimientos donde el Kama pasa cerca de las cabeza y del cuello, ya que un pequeño corte con uno de sus filos sería la pérdida de la vida en contados segundos.

Manriki-Gusari:
Consiste básicamente en una simple cadena (a veces se puede transformar en una cuerda) con dos pesos, uno en cada extremo. La longitud de la cadena es aproximadamente de 1,20 mts.
Es muy peligroso su manejo, ya que el Manriki-Gusari se maneja a una velocidad muy grande, con movimientos similares a los del nunchaku. Lo más peligroso es la velocidad con que “viajan” las dos bolas de acero de los extremos, cuando pasa cerca de la cabeza.

Katana:
Es el conocido sable Samurai. Es el arma que tiene, quizás, mayor importancia para muchos practicantes. Su manejo consiste en movimientos libres y en la práctica del Iaido (arte de desenvainar la Katana, cortando) en donde se hace especial hincapié en la concentración, velocidad y presición.

 

Utilidad del Kobu-Do

Tradicionalmente, el Kobudo de Okinawa es practicado por los karatekas, porque las técnicas de Kobudo se basan en las del Karate. Normalmente su enseñanza se limita a los ejercicios de forma clásicos (Kata) con las diferentes armas. En cambio, las técnicas de Kumite se enseñan raras veces.

El manejo correcto de las armas suele resultar difícil para los principiantes, e incluso, para alumnos de Karate con un cierto nivel de entrenamiento. Esto es así debido a que, en el Karate, solo hay que preocuparse de "manejar" correctamente el propio cuerpo. Lograr un cierto nivel de coordinación de movimientos y dominio de las técnicas, sin ser fácil, es accesible casi desde el principio: Cada persona ya está acostumbrada a mover su cuerpo, y conoce sus dimensiones y posibilidades.

El Kobudo resulta más difícil, precisamente porque a la dificultad de aprender a desplazarse y ejecutar técnicas correctamente, se añade un componente extraño al propio cuerpo. Aquel giro que parecía sencillo de realizar, con las manos apoyadas en las caderas, se convierte en algo complicado si se tiene en las manos un bastón de casi dos metros, o un nunchaku girando a toda velocidad (con el riesgo añadido de golpearse uno mismo al menor error).

Personalmente, y aparte de su valor como técnicas de lucha, considero que su dificultad es, precisamente, su principal ventaja para un practicante de cualquier otro arte marcial, y en especial el Karate. Pequeños defectos en la técnica que pasarían desapercibidos, se hacen evidentes con un arma de Kobudo entre manos. Además, es más exigente en cuanto a coordinación de movimientos se refiere, y por ello su práctica sirve para perfeccionar la técnica del karateka.

Cualquier practicante de artes marciales sabe que entrenarse con armas desarrolla una gran cantidad de atributos que luego resultan muy útiles para el combate sin armas. Eso es lo que ocurre en el caso del kobudo con respecto al karate. Como bien saben los maestros tradicionales, entrenarse con armas fortalece de manera importante manos, antebrazos y hombros. Técnicamente mejora los reflejos y la coordinación de movimientos. Puesto que la mayoría de sus armas se manejan por pares, el kobudo obliga a desarrollar armoniosamente ambos brazos y ambas partes del cuerpo. También desarrolla mucho la precisión, el control y el sentido de la distancia: en la distancia corta con los sais, en la media corta con los tonfas, en la media con los nunchakus y en la larga con el bo.

El entrenamiento del kobudo tan sólo supone tres principales inconvenientes para cualquier karateca. El primero consiste en que el manejo de armas resulta muy sufrido para las muñecas del practicante, le exige un entrenamiento adicional de fortalecimiento y elasticidad para acondicionar esta articulación tan castigada. Por otro lado, el entrenamiento con armas comporta normalmente mayores riesgos de lesión o accidente que el entrenamiento con manos vacías (para el propio practicante, pero sobre todo para el compañero), especialmente en el caso de los nunchakus. Por eso, la iniciación al kobudo no suele hacerse hasta que el karateca tenga un nivel medio y cierta experiencia (normalmente, a partir del cinturón naranja o verde). El manejo de armas siempre requiere mucho control y prudencia. Finalmente, el alto costo económico de las armas supone otra traba para la mayoría de los practicantes, concretamente para los más jóvenes.

 

IAIDO

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Según los relatos de la historia, y aunque el aprendizaje del manejo del sable se pierde en los tiempos remotos del Japón antiguo, parece ser que el Iai Jutsu nace al final de los años 1400 y principios de 1500.
Para entender el significado de esta forma de combate con el sable o katana, es preciso remontarse a la época feudal japonesa, cuando cada territorio o castillo era propiedad de un clan o Señor (Daimyo), y cuya protección estaba encomendad a los célebres guerreros Samurais asalariados para tal fin.
Solamente al Samurai le estaba permitido llevar dos espadas en su cintura, el sable era su alma y su razón de vivir, y no se apartaba de él ni de día ni de noche, adiestrándose con frecuencia tanto en el manejo del mismo (Ken-Jutsu) como en la forja de su carácter (a fin de perder el miedo a la muerte), así, ambas prácticas hacían de él un guerrero temido y respetado.
Vivían en una época violenta y despiadada, y estaban expuestos a ser atacados en cualquier lugar y momento del día o de la noche, dado que en su concepto de la ética guerrera no estaba mal considerado ser atacado por sorpresa (por la espalda o por varios agresores, etc.). El conocimiento de estas reglas, así como el fin para el que habían sido contratados (defender la vida, el honor y las posesiones de su Señor), les obligaba a vivir en un estado o actitud de permanente alerta.
La posibilidad cotidiana de ser objeto de un ataque repentino por sorpresa les hizo comprender que necesitaban ser diestros y rápidos en desenvainar y cortar en un solo movimiento, anticipándose si era posible a la acción ya manifestada o iniciada por su agresor... y esta respuesta era más factible llevando el sable en la cintura y con el filo hacia arriba.
Con el tiempo, esta forma de combate a la defensiva fue conocida como Iai-Jutsu, la cual pretendía ser un arte de autodefensa, enfocado no tanto a destruír al enemigo como a neutralizar y controlar sus intenciones, por ello en su origen recibió el nombre (Saya No Uchi), que significa “Sable Enfundado”, manifestando así el espíritu del mismo, en el sentido de ser capaz de alcanzar la victoria, incluso sin desenvainar.

Así nacía el Iai-Jutsu y comenzaban a crearse diferentes estilos o escuelas a partir del estudio de las posibles situaciones de ataques sorpresa y de las habilidades o astucias de cada maestro, de las que surgieron numerosas técnicas o katas que fueron transmitidos de generación en generación hasta la Epoca Meiji, en la que el japón se abre al mundo y suprime la existencia de los samurais. A fin de no desaparecer y perder el valioso y abundante caudal de técnicas y conocimientos guerreros de autoprotección, los maestros de armas optan por transformar el Iai-Jutsu en un método o vía de autoperfeccionamiento, en el que el único enemigo a combatir sean los propios defectos o debilidades, dando origen a la práctica del IAIDO tal como actualmente lo conocemos a través de las diferentes escuelas.

Según la tradición el creador del IAIDO fue Hojo Jinsuke Shigenobu, conocido popularmente con el nombre de Hayashizaki Jinsuke como fruto de sus meditaciones en el templo Hayashizaki Myogin.
Un día tuvo la revelación de la verdadera esencia y finalidad del IAI, y hacia el año 1600 creó un método al que llamó BATTO JUTSU, y para probar su eficacia y difundirlo, recorrió muchas provincias, despertando la adhesión de gran número de alumnos a los que inculcaba la idea de que su método debía ser empleado únicamente como arte de defensa.

¿Qué es el IAIDO?

El Iaido es un arte marcial que se practica solo (individualmente), bajo la forma de katas, cada uno de los cuales representa la forma de reaccionar frente a una situación o tipo de ataque diferente.
IAI significa “Unidad del Ser”, permanecer en armonía consigo mismo; unirse al espíritu del adversario sin moverse; y DO significa Vía o Camino.
En su sentido utilitario, IAIDO es el arte de estar atento y dispuesto para responder en cualquier situación o momento, sea cual sea la forma de ataque del enemigo.


Considerado bajo el aspecto ético moral formativo, el IAIDO se identifica como LA VÍA PARA ALCANZAR LA UNIDADY LA ARMONÍA DEL CUERPO Y DEL ESPÍRITU, y ello implica vivir dicha armonía con los demás y con el entorno.
La primera impresión que se produce en el occidental cuando contempla la realización de un kata de Iaido_o un entrenamiento_, es la de estar presenciando una práctica o Arte anacrónico, primitivo o irreal para estos tiempos, y perfectamente inútil en una sociedad cada vez más tecnificada. Podría concederse una parte de razón al que así juzga si lo hace únicamente desde el punto de vista de la imposible o dudosa aplicación práctica de esas técnicas de combate con un sable japonés a su vida cotidiana.
Ciertamente hoy no podremos resolver ningún problema de nuestra existencia regida por las computadoras con la ayuda de un sable por más hábiles que seamos en su manejo, pero los efectos del IAIDO van mucho más allá del hecho de proporcionar dicha destreza corporal si consideramos la validez universal y permanente de sus verdaderos objetivos como vamos a ver a continuación.

Objetivo práctico: el Arte del Iaido se basa en anticiparse en la propia autodefensa rechazando una agresión, y ello no es posible sin la estrecha colaboración cuerpo-mente.
Todos los gestos y movimientos de Iaido están destinados a ejercitar y desarrollar la concentración en el “aquí y ahora”, el control del cuerpo y de la mente, la disponibilidad, la adaptación inmediata a lo imprevisto conservando la serenidad que permite hacer un juicio rápido y acertado de cada momento o circunstancia.

Objetivo Ético: El objetivo oculto del IAIDO es llegar a ser dueño del propio ego (deseos, emociones, prejuicios, temores, etc.) y comportarse con el máximo respeto y cortesía en todas la circunstancias.

 

EL KOBU-DO EN LA ACTUALIDAD

 

Antiguamente, cuando surgió el arte del Kobu-Do, eran unos tiempos en los que saber manejar armas resultaba muy útil para sobrevivir en el día a día. Todo karateca se iniciaba simultáneamente en el aprendizaje del kobudo para mejorar su capacidad marcial. Así que ambas artes marciales se fundieron estrechamente.

Con el paso de los años, los maestros se dieron cuenta de que, independientemente de la obvia utilidad de las armas para combatir o defenderse, el entrenamiento de las mismas aportaba por otro lado numerosas ventajas a sus alumnos, tanto físicas como técnicas.
Esto explica que, ya entrados en el siglo XX, cuando estas armas ya han quedado absolutamente obsoletas, los maestros tradicionales de Karate sigan exigiendo a sus alumnos que aprendan el arte complementario del Kobu-Do. Las cuatro armas clásicas de esta arte marcial son el bo, los tonfas, los sai y los famosos nunchakus.

El bo o bastón largo es el arma base del kobudo, es decir, es el que se aprende primero y que abre camino a las demás. Luego se aprende el tonfa, siempre manejado por parejas, uno en cada brazo. La eficacia marcial de esta arma no deja lugar a dudas, pues ha sido adoptada por los cuerpos policiales de medio planeta en una versión algo más larga y de goma dura. A continuación se inicia el practicante en el manejo de los sais, también por pares. Esta curiosa arma, a medio camino entre un estilete y un tridente, fue muy utilizada por la policía okinawense.
En cuanto a los nunchakus, estos son los que siguen en el aprendizaje, debido a la complejidad de su manejo. También como arma básica, podemos citar a los Ni-Tambo, que son dos palos cortos para trabajar a madianas distancias y de a pares. Más adelante, tenemos al Eku-Bo, y como arma más avanzada ubicamos el Kman-Ti, debido a la peligrosidad de su manejo.

Históricamente, karate y el kobudo eran pues, como se dijo anteriormente, dos prácticas inseparables, complementarias, cosa que ocurre hoy en día, ya se tiende a considerar kobudo como un arte marcial aparte que, aunque muy relacionado con el karate, tiene sus propios cinturones, campeonatos de katas y federaciones. Se ha convertido en una opción complementaria para el karateca, y parece que cada vez hay menos que lo desean pues esta descendiendo notablemente el numero de practicantes de kobudo (en proporción con la cantidad de practicantes de karate que existen).

Existen varias razones que pueden explicar este fenómeno. Para empezar, no se pueden organizar, como es lógico, competiciones de combate libre de kobudo, sería una sangría. Así que este arte se ha visto relegada a algunas competiciones de katas (siempre menos populares) y exhibiciones. Puesto que la dimensión deportiva del karate va eclipsando cada vez más su dimensión marcial. El kobudo está sufriendo las consecuencias. Los jóvenes que suponen la gran mayoría de karatecas actuales, suelen sentirse principalmente atraídos por la petición de combate y secundariamente por la defensa personal, lo que explica que se esté dejando un tanto de lado al kobudo.
En cuanto a la defensa personal, las armas del kobudo se han quedado bastante obsoletas, porque afortunadamente en occidente no vivimos en estado de guerra o de invasión. Por otro lado, la extensión de la pólvora y de las armas de fuego ha enterrado en el olvido la mayor parte de las armas blancas o contundentes, salvo tal vez las navajas. De poco sirven todas estas armas ante la amenaza de una pistola. Las armas del kobudo han dejado, por lo tanto, de resultar útiles como armas de defensa personal. Si aplicaramos el sentido práctico okinawense a nuestra sociedad, colgaríamos los nunchakus y convertiríamos en armas el paraguas, las llaves, el diario, el bastón, la lapicera, la correa del perro, etc.
Pero no se debería valorar el kobudo exclusivamente por sus posibilidades deportivas ni defensivas, pues se trata de un arte marcial y, por lo tanto, de una práctica y filosofía de autoconocimiento y cultivo personal. Pero incluso aquellos karatecas a los que tan sólo les interesa la utilidad práctica e inmediata del kárate (el cual en tal caso deja de ser arte marcial para convertirse en deporte o en método marcial), pueden encontrar en la práctica del kobudo numerosas ventajas.

En cualquier caso, el kobudo está siendo victima del excesivo sentido práctico de la sociedad actual. El hecho de que sus armas ya no sean aplicables a la defensa personal, no lo invalida como arte marcial, puesto que en el kobudo el manejo de las armas no se plantea tanto como un fin (aprender a manejar armas propias de la época feudal), sino más bien como un medio, un medio para mejorar un buen número de atributos físicos y técnicos, pero también un medio o vía marcial de autosuperación personal.

 

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Web master: Julián Serna G.
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